HISTORIA DEL LUGAR
Discoteca Koo Buñol, anteriormente Restaurante Portixol de Buñol, estuvo abierta aproximadamente 5 años hasta 2020 aproximadamente.
FOTO FACHADA 2024
FOTO FACHADA 2012
En Zonas Abandonadas recorremos lugares olvidados por el tiempo, todo ello con curiosidad, respeto y un toque de misterio. Nuestras publicaciones invitan a imaginar la vida que alguna vez existió en esos espacios silenciosos.
HISTORIA DEL LUGAR
Discoteca Koo Buñol, anteriormente Restaurante Portixol de Buñol, estuvo abierta aproximadamente 5 años hasta 2020 aproximadamente.
FOTO FACHADA 2024
FOTO FACHADA 2012
HISTORIA DEL LUGAR
FINCA
El Internado Izarra, construido por todo lo alto en
Urkabustaiz en 1967, en una finca de 100.000 metros cuadrados, los terrenos del
antiguo colegio Izarra tienen mucha miga histórica. Fueron uno de los lugares
de recreo de la poderosísima familia Oriol en las primeras décadas del siglo XX.
COLEGIO.
Fue uno de esos colegios predilectos de las clases
pudientes. El método de enseñanza alternativa Montessori tomó las riendas de su
gestión hasta su definitiva quiebra económica en la segunda mitad de los años
90. Durante esta etapa, se rebautizó como ‘Izarra International College’,
integrándose en el sistema educativo inglés. El proyecto no funcionó. Antes de
los incendios que calcinaron sus instalaciones -primero en 2011 y luego en 2014.
El centro, estaba dividido
en varios edificios, se realizaban las distintas etapas educativas antes del
salto a la universidad. Había de todo: dos piscinas cubiertas, una sala de
cine, gimnasio, montaron establos y un picadero para adiestrar y trabajar
caballos, bibliotecas, zonas deportivas, una residencia en la que dormían los
estudiantes…
HISTORIA DEL LUGAR
La ermita de
estilo barroco data de 1628, aunque poca documentación sobre ella ha llegado
hasta nuestros días. Lo cierto es que en 1790 la ermita ya se encontraba en
estado de ruina, y buena parte de ella ya había sido expoliada. En el siglo XIX
se comienza a utilizar el edificio y sus aledaños como cementerio del
municipio.
Su planta es
sencilla, de nave única en dos tramos y posee una capilla mayor con planta
prácticamente hexagonal, aunque muy irregular, algo que se refleja al exterior
con una bóveda que no consigue ser totalmente semicircular, rematada con un
elemento piramidal. Al presbiterio se le une una sencilla sacristía, ahora
presidida por una enorme higuera que está derruyendo dos de sus muros.
De la nave ha
llegado poco hasta nuestros días y sólo destacan dos arcos divisorios, ya que
toda la cubierta de la ermita ha desaparecido.
Sin duda lo más
significativo es la decoración del templo, ya que la iconografía de sus esgrafiados
ha hecho correr ríos de tinta. Destacan los de la capilla mayor, a pesar del
deterioro y el vandalismo.
Con la bóveda
como protagonista, los motivos centrales de tipo vegetal van derivando en
algunos más figurativos. Es aquí donde nos encontramos con los “ángeles malos”,
21 figuras aladas con terribles dentaduras y capirotes
Justo debajo de
las imágenes de los ángeles encontramos la fecha 15 de marzo de 1628, junto a
los elementos de la pasión de cristo, motivos geométricos y la siguiente
inscripción: OBLATUS EST QUIA IPSE VOLUIT… ET PECCATA NOSTRA IPSE PORTAVIT (Fue
ofrecido porque Él lo quiso, y nuestros pecados Él portó. Isaías, 53)
HISTORIA DEL LUGAR
“Almansa: Unión,
trabajo y constancia”. Bajo este lema nacía en los años cincuenta Almansa
(Cáceres) dentro del término municipal de Alía (que con casi 600 km² supone el
séptimo más grande de Extremadura). En plena posguerra, al calor de las
inversiones destinadas al Plan Badajoz (aquel que, entre otras cosas, represó
el agua del río Guadiana en hasta cinco pantanos seguidos, provocando la
desaparición o el abandono de varios pueblos y el surgimiento de otros tantos),
se creaba el Complejo Agroindustrial de Almansa.
Se trataba de un
pueblo nuevo donde numerosos trabajadores de las localidades colindantes
(principalmente Alía, Guadalupe, Castilblanco y Valdecaballeros) se mudaron
para, según el portal municipal de Alía, implantar “las más modernas técnicas
agrícolas” y probar “la última maquinaria recién importada de Alemania o
EE.UU.”.
Al frente de este
utópico proyecto estaba Eusebio González Martín. Almansa llegó a tener una
población de más de 2.000 personas, donde además de agricultores hubo
carpinteros, herradores, maestro, cura y veterinario. Trabajos duros a cambio
de un sueldo digno y constante. A cada obrero que quiso irse a vivir allí (los
hubo que prefirieron quedarse en su pueblo e ir y volver todos los días en bici
o burro) se le otorgó una casa con un huerto que podrían cultivar a cambio de
una parte de la producción. Las viviendas eran cómodas para la época: dos
habitaciones, chimenea (que se usaba como cocina), despensa y televisor